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Las radiaciones ionizantes (RRII) están presentes en la vida diaria de todas las personas, existen muchas formas de radiación ionizante, pueden clasificarse según su origen en:

        • Naturales: radiación cósmica (del sol y los espacios interestelares del universo), radiación terrestre (emitida por las rocas y el suelo…), radiación de algunos edificios (ej, los de granito, que emiten gas radón que a su vez puede ionizar a sus alrededores), de diversos alimentos (el marisco concentra el material radiactivo) e incluso nuestro propio cuerpo es una fuente radiactiva, al contener elementos capaces de ionizar.

     • Artificiales: fuentes médicas (RX de diagnóstico, gammaterapia…), fuentes ambientales (la industria nuclear, los hospitales y los centros de investigación depositan en el medio ambiente materiales radiactivos de forma controlada), otras fuentes (detectores de humos, pararrayos radiactivos, algunos relojes luminosos…).


Cuando una radiación determinada interacciona con un material, puede atravesarlo si es transparente a ese tipo de radiación, o bien reflejarse, absorberse o dispersarse sobre él. Lo habitual es que todos estos fenómenos sucedan a la vez en mayor o menor proporción, de forma que la energía total incidente sea la suma de todas las energías puestas en juego:

                E incidente = E reflejada + E absorbida + E transmitida + E dispersada


Las RRII tienen efectos tanto inmediatos, que aparecen tras una irradiación intensa y relativamente breve, como tardíos, que pueden aparecer después de 5 años de haber sufrido una irradiación.

También pueden ser probabilísticos o estocásticos, es decir, más probables cuanto mayor es la cantidad de radiación recibida, pero cuya gravedad no depende necesariamente de esa cantidad de radiación, sin valor umbral y efectos tardíos, e igualmente hay efectos de las RRII deterministas o no estocásticos, que no ocurren a no ser que la radiación recibida supere un determinado valor umbral, y cuya gravedad es función de la dosis, siendo inmediatos o tardíos, aunque es más frecuente que sean inmediatos.

Existen en la actualidad diversas evidencias experimentales que apoyan la existencia de una respuesta adaptativa de la célula tras su exposición continua a dosis bajas de radiación. Como consecuencia de ello, por ejemplo, se producen menos lesiones en el DNA del personal de vuelo que en el de una persona acostumbrada a niveles más bajos de radiación, aunque, hoy por hoy, las evidencias no son todavía concluyentes.


En la utilización de RRII deben aplicarse los conocidos como “Principios básicos de la Protección Radiológica”:

      • Justificación del empleo de la tecnología radiactiva frente a las de tipo convencional, en el sentido de que los beneficios esperados compensen suficientemente el riesgo del daño ocasionado.

    • Optimización de los procedimientos, de forma tal que las dosis factibles de ser originadas sean tan bajas como, razonablemente, se pueda lograr con los conocimientos actuales.

       • Limitación de la exposición a la radiación, de forma que los niveles alcanzados en el funcionamiento normal de las instalaciones estén dentro de los límites de dosis establecidos tanto para los trabajadores profesionalmente expuestos como para el público en general.



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